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La cinta de stop motion que marcó el debut de Adam Elliot finalmente llegó a las salas mexicanas. Una historia sobre amistad, soledad y las conexiones que pueden surgir incluso a miles de kilómetros de distancia.
Adam Elliot es un director que ha construido una identidad muy particular dentro de la animación. Su nombre volvió a llamar la atención del público mexicano gracias a Memorias de un caracol, pero antes de esa producción ya había realizado una película que con el paso de los años se convirtió en una de sus obras más reconocidas: Mary y Max.
La cinta, estrenada originalmente en 2009, finalmente llegó a México en septiembre de 2026, 17 años después de su lanzamiento internacional.
La historia está ambientada en la década de los setenta y sigue a Mary Daisy Dinkle, una niña australiana de ocho años que vive en Melbourne y tiene dificultades para relacionarse con otras personas.
Movida por la curiosidad, Mary toma una guía telefónica de Nueva York y elige al azar el nombre de una persona a quien decide escribirle.
El destinatario es Max Jerry Horovitz, un hombre de 44 años que vive solo en Manhattan.
A partir de esa primera carta comienza una relación que se extiende durante varios años. Mary y Max comparten experiencias, dudas, preocupaciones y diferentes momentos de sus vidas a través de su correspondencia.
Aunque viven en países distintos y tienen personalidades muy diferentes, ambos encuentran en esas cartas una forma de sentirse acompañados.
Mary y Max fue el primer largometraje de Adam Elliot, quien ya había destacado con sus cortometrajes y posteriormente ganó el Óscar por Harvie Krumpet.
Para esta película, el director utilizó nuevamente el stop motion con plastilina, una técnica que se convertiría en una de las características principales de su trabajo.

La historia también tiene un componente personal. Elliot se inspiró parcialmente en la amistad que mantuvo durante más de dos décadas con un hombre de Nueva York mediante cartas. Sin embargo, Max no es una representación exacta de esa persona, sino un personaje construido a partir de elementos reales y de ficción.
La propia Mary también tiene algunos rasgos relacionados con la infancia del director.
Uno de los aspectos que distingue a Mary y Max es la manera en que utiliza la animación para abordar temas complejos.
La película habla de soledad, autoestima, ansiedad, depresión, pérdidas, dificultades familiares y la necesidad de encontrar conexiones con otras personas.
Por eso, aunque visualmente pueda parecer una producción dirigida a niños, su historia está pensada para un público mucho más amplio.
La estética también tiene un papel importante. La mayor parte de la película utiliza una paleta de grises, negros y blancos, con algunos elementos de color que destacan dentro de los escenarios.
Ese aspecto visual acompaña el tono de la historia y ayuda a construir el mundo de dos personajes que, pese a sus diferencias, terminan encontrando algo en común.

La versión original cuenta con las voces de Toni Collette como Mary, Philip Seymour Hoffman como Max, Eric Bana y Barry Humphries.
Para su llegada a México, la película recibió un nuevo doblaje latino encabezado por Regina Blandón como Mary y Javier Ibarreche como Max. El narrador cuenta con la voz de Arturo Mercado.
La participación de Ibarreche también genera una conexión directa con Memorias de un caracol, ya que anteriormente formó parte del doblaje de esa producción de Adam Elliot.
Mary y Max tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance en 2009 y posteriormente pasó por importantes festivales de animación.
Con el paso del tiempo, la película fue ganando reconocimiento hasta convertirse en una producción de culto dentro del stop motion.
Su llegada a México ocurre después del buen recibimiento que tuvo Memorias de un caracol, también dirigida por Elliot, entre el público nacional.
Ahora, quienes conocieron al director por su trabajo más reciente tienen la oportunidad de descubrir la película con la que comenzó su trayectoria en el largometraje.
Más allá de la técnica de animación y de su particular estética, Mary y Max gira alrededor de una idea sencilla: dos personas que se sienten solas encuentran compañía en alguien que está muy lejos.
No hay una solución mágica para los problemas de sus protagonistas. La película simplemente muestra cómo una amistad puede convertirse en un espacio para compartir aquello que muchas veces resulta difícil expresar frente a los demás.
Y quizá ahí está una de las razones por las que la película ha logrado mantenerse vigente tantos años después de su estreno.
Después de 17 años, Mary y Max finalmente tiene presencia en las salas mexicanas y permite conocer una de las primeras obras que definieron el particular universo cinematográfico de Adam Elliot.
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